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“DE LA HISTERIA A LA FEMINIDAD”
(Caminos posibles)
Autor: Eduardo García Dupont


PRESENTACIÓN DEL LIBRO
Este Libro es producto del Seminario Presencial desarrollado en el Museo Roca en el año 2004, que posteriormente fue dictado de manera virtual a través de este sitio correspondiente a la Institución: ‘… Del Puente …’ Red de Asistencia, Docencia e Investigación en Psicoanálisis en el año 2006.

En aquel entonces tanto la propuesta de investigación del seminario presencial, como del seminario virtual, tuvieron una excelente convocatoria. En el seminario a distancia, hubo cursantes provenientes de Capital Federal, Interior del País, y de diversos países del mundo.

El copete con el que se lanzó la publicidad de la propuesta de investigación fue redactado por mi, e inspirado fundamentalmente en la teoría y la clínica psicoanalítica llevada adelante durante más de treinta años.
El mismo decía lo siguiente:

La seducción, la inteligencia, la dulzura, la amabilidad, la ternura, la cordialidad, el humor, la dedicación, la simpatía, la bondad, la abnegación, la lealtad, la eficiencia, la resolución, la sensualidad, el erotismo, la sagacidad, la maternidad, etc.

Pero también la paranoia, la melancolización, el odio, la crueldad, la querella, la venganza, el resentimiento, la desvalorización, los celos, la simulación, el gataflorismo, la posesividad, la locura, la envidia, la infidelidad, la teatralización, el chusmerío, la exageración, la tragedia, el histrionismo, la inseguridad, la tontería, el egoísmo, la culpa, lo sacrificial, la soledad, etc.
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Hadas y brujas, amas y esclavas, mendigas y autosuficientes, sensibles y calculadoras. Infinitas máscaras de la histeria que extraviaron a Freud, en el imposible discernimiento de qué quiere una mujer. Tal vez por no haber diferenciado suficientemente histeria de feminidad; o tal vez porque el deseo femenino evoca lo angustiante y enigmático del deseo del Otro; o tal vez porque para esa pregunta no haya una respuesta universal.

Ya que el Psicoanálisis tanto le debe a la histeria, propongo, a través de su exhaustivo estudio, un safari desde la teoría, la clínica y el cine, por ese ’continente negro’, llamado feminidad.

El formato que tiene este texto va a ser el de respetar el espíritu coloquial de las clases desgrabadas y corregidas, incluyendo en la mayoría de las mismas, las preguntas del auditorio y sus respectivas respuestas, en aquellos casos en que dichos interrogantes pudieron registrarse por el grabador, sino solamente hemos transcripto las respuestas. También incluimos la bibliografía sugerida y trabajada.

TEXTO EXPUESTO EN LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO
Luego de años de investigación, en la teoría, la clínica y la vida arribé a algunas conclusiones provisorias:

  • Que es de fundamental importancia en todo análisis de una mujer histérica trabajar la relación con la madre, a fin de detectar allí si se trató o no de una relación estragante.
  • Que las histéricas que han quedado fijadas a la madre y no han podido hacer un pasaje transferencial al padre son las que se presentan como más difíciles de abordar: Histerias melancolizadas, histerias paranoides, locuras histéricas, bulimias y anorexias, adicciones, todas ellas con gran tendencia a las patologías del acto, a saber: inhibiciones, impulsiones, acting out y pasaje al acto.
  • Que una vez más para su abordaje no bastará con la rememoración, sino que será decisivo el manejo de la transferencia como sostuviera Freud, o el acto analítico como propusiera Lacan.
  • Que es de fundamental importancia en estos casos realizar un diagnóstico diferencial con psicosis. Los neuropsiquiátricos están llenos de estas pacientes que podrían haber tenido otro destino con un buen diagnóstico y tratamiento.
  • Que esa relación estragante, si les permite alguna vez formar una pareja, la repetirán con su partenaire inexorablemente, confirmando la tesis de que toda historia de enamoramiento continúa en puesta en acto del fantasma, razón por la que pensamos que todo encuentro es un reencuentro.
  • Que por esta razón Lacan sostuvo que el hombre es un estrago para la mujer, y la mujer el sínthoma del hombre.
  • Que predomina la histeria en la mujer como la obsesión en el varón. Lo que no excluye que haya en mucha menor escala histerias masculinas y obsesiones femeninas. Por la diferente tramitación del Complejo de Edipo y del Complejo de Castración.
  • Es decir que el varón al tener un significante que lo representa en el campo del Otro, el falo como significante viril, se sostiene desde allí en la jaula de su narcisismo, en la creencia de que el tener le otorgará un ser. Quedando acentuada su angustia de castración por el lado del peligro de perder lo que tiene, es decir su potencia fálica.
  • La mujer al no contar con ese significante, intenta suplir su falta en ser por la demanda de amor, razón por la que está mucho mas expuesta a la angustia. En ella se acentuará el cógito falaz del neurótico: ‘Me aman luego soy’, quedando en una posición de suma dependencia del amor del Otro para ser.
  • Que aquellas histéricas que se han fijado al padre y lo sostienen por desafío o por procuración, llegan a tal punto de idealización que están alienadas a la frase fantasmática: ‘Ya no quedan hombres’ o ‘Ningún hombre está a la altura de mi padre’. Podríamos agregar irónicamente, ‘ni mi padre’, ya que se trata siempre de una idealización.
  • Que estas fijaciones son consecuencia del fracaso del deseo y del amor en la pareja parental, con lo cual o la madre o el padre o ambos, o no las han alojado lo suficiente, o se les han venido encima no permitiéndoles ningún tipo de sustitución, ni de salida exogámica.
  • Que al elevar la histeria a categoría de discurso, Lacan nos ha permitido pensar que el discurso histérico es el que nos indica una entrada en análisis.
  • Que al desarrollar las fórmulas de la sexuación, también Lacan dio cuenta de la diferencia entre histeria y feminidad, constituyendo dos campos: el fálico que supone la lógica del todo y la excepción donde sitúa la histeria y el mas allá del falo que supone la lógica del no todo, donde sitúa la tachada mujer, es decir lo femenino, sin armar ninguna suerte de patrón universal.
  • Que este desarrollo también le permitió situar diferentes goces, a saber el goce fálico - pulsional, el goce del sentido, y el goce del Otro barrado donde ubica el goce místico y el goce femenino.
  • Entonces retomando la posta de Freud, es siempre interesante explorar el mentado ‘continente negro’, advertidos que por estructura habrá siempre algo del orden de lo inconquistable, como el significante no agota lo real, o como el goce femenino tendrá siempre un resto que no cesará de no escribirse.
  • Que lo enigmático del deseo femenino evoca lo enigmático del deseo de la madre y lo enigmático del deseo del Otro.
  • Que este deseo femenino en tanto deseo del Otro evoca al Otro sexo, que por un lado causará angustia pero también causará el deseo.
  • Que entonces se tratará de no entender a las mujeres si no de amarlas aceptando que se entregan ‘no todas’, quiero decir amarlas como realmente puede hacerlo un hombre que ha podido también acceder al campo femenino, es decir nunca estar ‘perdidamente enamorado’ de ella, sino amarla en una posición también de ‘no todo’, a la altura de la contingencia del encuentro amoroso.
  • Más allá de las estructuras clínicas, concluimos que todo análisis es un camino de la histeria a la feminidad, independientemente del género de los sujetos ni de la neurosis que padezcan.
  • Es decir que Lacan va mas allá del límite freudiano de la roca viva de la castración que supone no haber atravesado la lógica fálica, el fantasma y la angustia.
  • Su propuesta en el horizonte será la de atravesar el fantasma, y/o identificarse con el sínthoma, sabiendo hacer con la angustia de la cual nada se quería saber.
  • Estos caminos suponen inexorablemente encuentros con y pasajes por la castración, en la madre, en el padre, en fin en el Otro, presentificado en acto, en la dirección de la cura, por el deseo del analista.
  • Para que por fin donde Ello era, un sujeto pueda advenir, enfrentando y aceptando su ser de objeto y entregándose a otros modos de gozar que los que siempre le hicieron ‘penar de más’.


Quiero finalizar con una frase que inventó mi hijo Facundo, en una oportunidad al referirme a algo que me costó mucho lograr, recurrí al conocido y neurótico lugar común exclamando: ‘Valió la pena’. El, reflexivo, se dejó decir por una sencilla invención, por cierto nada neurótica, proponiendo cambiar el refrán se preguntó si no sería mejor decir: ‘Valió la alegría’.

Si todo análisis supone caminos de la histeria a la feminidad; del sufrimiento al disfrute; del goce al deseo y del deseo a otros goces; de la infinita insatisfacción a la realización y satisfacción parcial de algunos deseos; de la postergación, al acto; del padecimiento de nuestra posición como objetos a la conquista de la dignidad como sujetos, para por fin relajarnos y asumir nuestro ser de objeto entregándonos a otros goces; en fin, como en ocasiones exclama Lacan: ‘para decirlo todo’, si todo análisis supone caminos que conducen de la muerte a la vida, concluimos que estos caminos de verdad, no sin encuentros con lo real, en el horizonte, …


¡Valen la alegría!
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